No creo que Cristian o Marcelo olviden el
día que inició como otro cualquiera y terminó siendo uno a todo color. La
rutina de los ejercicios en la
Sala de Rehabilitación del Hospital Pediátrico tunero dejó de
repetir “arriba, abajo”, para ir en busca de unos amigos medio alborotados,
pero con un corazón inmenso.
Cristian y Marcelo formaron parte de la
comisión de recibimiento y… de juego también, por supuesto. Ante sus ojos y de
los otros infantes que allí sienten alivio a sus dolencias, estuvo una avanzada
del grupo de 30 valientes sensibles que se forman actualmente en Las Tunas como
payasos terapéuticos. En un dos por tres entró más Sol por la ventana y las
sonrisas lucieron rozagantes.




