El 2016 trajo la telefonía fija a mi hogar.
Para los periodistas (cubanos) eso es oro molido, lo primario. Adiós a
contactar a fuentes por equipos públicos o enterarse a deshora de cualquier
hecho, “porque no pudimos localizarte”.
Pero con el aparato llegaron algunas
molestias: los equivocados. Y no hablo de los que marcan a un lado creyendo que
es otro. No, aunque seguro, lector, fue lo que usted pensó.
Hablo de una parte de esos primeros,
aquellos que ante la aclaración: “Está equivocado, es una casa particular”, sin
más cuelgan estrepitosamente, tan estrepitosamente que debes acariciarte el
oído para ver si no sufrió daño. Y te quedas extrañando un “Disculpe”.
A veces sin palabra agradable de por
medio, da tiempo escuchar las maldiciones que lanzan del otro lado de la línea
por no hallar a quién buscaban. Resulta que mi número se parece mucho a otros. Acopio, Empresa de
Prefabricados, heladería La
Fuente , policlínico Gustavo Aldereguía… la lista de un
verdadero camaleón, aunque cierto departamento de la Dirección de Educación
es el más recurrente.





