lunes, 31 de octubre de 2016

Iraida, otra manera de salvar

Convencer a todos les costó, por lo menos a los que a ella le interesaba convencer. El dilema no estaba en si tenía la música dentro o no, eso lo había demostrado en sus días de Universidad cuando el septeto tradicional Atabey le colmó ilusiones, promesas y triunfos, tocando las maracas y haciendo coros primero y luego con la guitarra como bandera.
Pero cómo hacerle entender a los suyos que luego de seis años de estudio, graduada de Medicina en 1999, y tras el tiempo de Servicio Social en su municipio Colombia, el pentagrama desplazara a las vivencias de doctora.
Aunque en la decisión mediaron tragos amargos sufridos en el sector de la Salud, la sociedad no entendía que una galena dejara su esteto para irse a cantar, más difícil para unos padres que se sacrificaron tanto en pos de ese sueño. Desde todos los lados escuchaba: “Estás loca”.
“Cuando logré al cabo de varios años que ellos entendieran que ese cambio había valido la pena, que yo era feliz y podía hacer algo importante, solo entonces me tranquilicé”, confiesa en paz Iraida William, la más destacada de las mujeres trovadoras de la provincia de Las Tunas, alguien que siente muy suya a la Asociación Hermanos Saíz (AHS), aun cuando ya su edad la aleja.
Cuando celebramos el aniversario 30 de la organización, vamos en busca de su historia, porque si ahora encontramos a Iraida hecha toda una artista profesional con su guitarra en mano, y presta lo mismo a sacar el máximo de los niños en la compañía Hormigas Rojas que a desdoblarse como actriz, parte de eso tiene que ver con el influjo de la AHS.
El parque Vicente García recibe nuestro diálogo, mucha gente pasa y la saluda, hasta hay alguien que le dice: “Doctora, cómo está, cuándo va a cantar de nuevo”. Preludio ideal para las interrogantes de este portal. 

viernes, 14 de octubre de 2016

Tino y María traducen el mar

El Socucho ya no es para mí solamente un lugar de asueto, de risas infantiles y barcos que surcan la hermosa “sabana” azul. Desde septiembre último es todo eso y algo más importante: el hogar de Enrique Luis Navarro Barlys (Tino) y María Magdalena Mosquera Montada.
Con pasmosa hidalguía ambos surcan sus 89 años, como si el salitre les hubiera concedido el secreto de la eterna juventud. Muchos aseguran que son los más longevos del lugar. Desde 1951 tienen allí su vivienda, que al inicio solo fue para los fines de semana y años después se convirtió en morada permanente. Aquel era un sitio casi deshabitado, de mucha vegetación y el barco resultaba el único medio de acceso. 
“Construí la casa para mi papá, estaba enfermo de los nervios y el médico aconsejó que este ambiente le haría bien. Para hacerla le pedí permiso a la capitanía, porque esto era de la marina de guerra”, dice él, y ella ratifica: “Oiga periodista, y es verdad que el viejo mejoró mucho”.
Hijos naturales tienen siete, pero postizos suman cientos. Allí, en su portal, al que solo le faltan 30 metros para besar el mar, reciben a amigos y desconocidos, y los salvan con frecuencia de la sed y el hambre.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Zabala, eterna estampa


Murió Edilberto Agüero, Zabala, que es como decir murió parte sagrada de lo más sensible, auténtico y querido del carnaval de esta ciudad. Su fallecimiento hoy miércoles, a la edad de 83 años, víctima de neumonía y tras varias jornadas hospitalizado, es solo un paso más de la infinita evolución de su vida. 

Cuando suenen la tambora, el quimbo y la trompeta, él, ahí estará. Y volverá con su figura quijotesca a abrazar el delirio de los arrolladores, sus fieles; esos que se desviven por decir: “Me voy con Zabala”, en alegoría al apodo que nació de la admiración por un pelotero de las Grandes Ligas. 
Casi nadie llama a la comparsa por su nombre, Estampas tuneras, fundada en 1953 por los afanes de jolgorio de Edilberto, carpintero de oficio. El apelativo de la cofradía apareció una tarde en el parque sentado junto a su amigo Perea, cuando buscaban patrocinio y el porte y aspecto no era el mejor. 
Aquel día tomaba rumbo una historia que nos abraza hasta hoy, aunque ya físicamente su creador no esté, una de entrega, disciplina y respeto por las tradiciones. Se acababa el carnaval y ya estaba pensando cómo sorprender el año próximo, incluso en tiempos más cercanos, de escasez y desidias.

domingo, 2 de octubre de 2016

No quiero a Matthew, pero lo estoy esperando

Falta poco para que el huracán Matthew toque tierra cubana, y todavía mi bodega está abierta, así estará hasta las 10:00 pm de este domingo, para que los vecinos busquen sus mandados y pasen el temporal en casa bien abastecidos.
Muchos han ido temprano, otros lo han dejado para después. Seguro que entre los morosos se encuentra quien me aseguró hoy: "Eso no va a pasar por aquí", como si en su cuerpo enjuto hubiera reencarnado San Rubiera.
Seguro que tampoco a esa hora, pleno mediodía, había asegurado las puertas, las ventanas; congelado agua, comprado velas; limpiado su placa, los tragantes; recogido cualquier objeto que en el patio pudiera convertirse en proyectil con la fuerza de los vientos...
Demasiado para un irresponsable. Porque en eso nos convertimos cuando optamos por la insurgencia en el momento justo que debíamos ir en sentido contrario. Cuando no aprendemos de las experiencias anteriores; cuando Ike solo pasa a ser un nombre raro y corto al extremo, y Paloma uno demasiado sentimental.
Percepción de riesgo, palabra clave en tiempos de ciclones, que siempre se reservan sus sorpresas, casi nunca positivas. Por qué preferir la excesiva confianza, si en el otro extremo nos espera la tranquilidad.