Viviré, quizás, la última ocasión que me
llamarán ante muchos: periodista joven. La Upec ha convidado a bisoños miembros del gremio a
encontrarse, a decir lo que piensan de la organización, a que cuenten de
triunfos y frustraciones en su corto tiempo laboral.
Nos llama a la opinión y el aporte; no solo
a movilizar las fibras del periodismo cubano, tan urgido de estremecimientos y
despertares, sino también a pensar en este país nuestro, que imagino, duerma
cada noche con mucha sosobra bajo la almohada pues tiene ante sí disímiles
retos, entre ellos ser una nación que no vea marcharse lejos a tantos de sus
más imberbes hijos, porque según dicen: “Aquí no tenemos futuro”.
La juventud de hoy, acusada de poco
comprometida con Cuba, no tiene mucha paciencia, ni quiere escuchar el discurso
de “pasos al frente”. Son otras nuestras circunstancias, otros los contextos
que nos han forjado, con carencias por todos lados, en el bolsillo, la mesa, el
escaparate, y lo peor, en el alma, porque el “sálvese quien pueda” impuso su
ley en ese grito de horror llamado Período Especial, y las secuelas deambulan
entre nosotros y lo seguirán haciendo.



