jueves, 13 de noviembre de 2014

Fernando y la sorpresa del abracadabra


De niño se la pasaba intercambiando truquitos con sus compañeros de clase. “Así aprendí varios números, pero en aquel momento era por gusto, porque no había desarrollo de la magia. Todo cambió cuando llegó el mago Píter, hizo una convocatoria, éramos 144 y aprobamos 14. De aquel primer grupo solo quedo yo en Las Tunas. Entonces tenía 22 años”.
Cuenta sus inicios el ilusionista Fernando Rodríguez Vázquez, integrante junto a su esposa, Yanisbel Téllez, del dúo Los Dóbel (apelativo que sale de la unión de la última sílaba de sus nombres), muy premiados en los festivales Ánfora por la creatividad y el acabado de las presentaciones. Aunque debemos aclarar que de dos, han pasado a ser tres. 
“Cuando yo iba a trabajar, ponía los materiales y equipos sobre la cama, y mi niña viendo cómo preparaba los números, se ponía frente al espejo a ensayar y así de esa manera tan natural se ha adentrado en este mundo”. 
La familia “Dóbel” anda siempre junta para arriba y para abajo. La unión entre sus miembros y el apego al hogar han sido el aliciente para luchar desde aquí por la compañía Huracán Mágico, y no escuchar propuestas en otras provincias o países. “Soy muy familiar, casero, salgo de gira y a los tres días quiero regresar”.
A veces sentados los tres frente al televisor, ven a un colega en su despliegue escénico y alguien le dice: “¡Mira, eso lo hiciste tú!”. Y es que Fernando desde pequeño tuvo facilidades y curiosidad hacia la carpintería, la escultura y otros saberes afines, por eso desde hace mucho construye todos los aparatos que utiliza la agrupación local en sus actuaciones.
"Mis diseños están por toda Cuba y hasta en el extranjero. Cuando me gradué como mago, supe lo difícil que resulta adquirir esos utensilios, y decidí hacerlos con mis propias manos. Conozco muchos secretos mágicos y lo que hago es construir equipos capaces de preservarlos. El ilusionismo es infinito y siempre habrá posibilidades de crear. Me paso el día entero buscando dónde puede haber un pedazo de madera, de plástico, de acrílico para inventar algo nuevo”. 
Su rostro encendido de pronto entristece ante la pregunta: ¿Es hoy la compañía lo que usted soñó?
"La soñaba de otra manera. Muchos artistas jóvenes se han ido, los hemos forjado y luego marchan buscando mejorías económicas. En estos momentos tenemos integrantes nuestros en naciones como México, Ecuador, Bolivia, Italia y Canadá. Y en la compañía de Varadero, Matanzas, no son pocos los tuneros formados aquí. La provincia no ha logrado un desarrollo que los incentive a quedarse, y un mago, sin dudas, hace grandes gastos para preparar una función.”
Otros problemas como el pago reducido y no tener un lugar cerrado donde el elenco de casa ensaye, así como el espacio permanente de presentación, lastran la trayectoria del grupo, que bien merece potenciarse, para que el eslogan de la Ciudad Mágica sea más que palabras. Por suerte existe en la provincia un referente dorado de consagración, José Reynerio Valdivia Valdivia. 
"Para nosotros Píter lo fue todo, a mí me enseñó cada cosa que sé. Fue un maestro de verdad, incluso hoy, que ya está anciano y enfermo, vamos a ensayar y él va y nos acompaña".
En la cercana edición del Ánfora, Fernando será presidente del jurado y como tal añora que la cita se luzca en cuanto a la organización. Algo sí tiene seguro, la presencia del público. "Es verdad que los tuneros saben de magia, no se les puede presentar cualquier truco. Tienes que prepararte muy bien, se nota la diferencia con otros lugares".
Como juez llevará la misma máxima que ha señoreado en su andar artístico: la ética es lo más importante para un ilusionista. En la despedida de este diálogo con una brisa de aire fresco, que huele a futuro, danza entre los vocablos. 
"Pensamos que en enero se abra en Las Tunas una escuela de magia. Eso nos tiene entusiasmados, será algo muy bueno. Formaremos a jóvenes que les guste este universo y esperamos rescatar el sentido de pertenencia. "

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