miércoles, 30 de julio de 2014

Apuesta


Iba para el teléfono. Desde el otro lado de la línea me contestarían: “Estoy devastado. Perdió Argentina”. Y mientras más me acercaba a esas palabras de absoluto dolor, (sí, porque cuando llevas muy dentro a tu equipo, quieres morir ante la derrota, incluso si hay quien ingenuamente no deja de decirte: piensa, es solo un partido) cierto joven en bicicleta pasó por mi lado a toda velocidad.
Alguien alcanzó a preguntarle: “Oye ¿y esa carrera?” El eco de su voz trajo la respuesta: “A pagar 100 pesos de una apuestaaaaaaa, yo le iba a Messiiiiiii.” El cuerpo del muchacho se hizo un punto lejano en la carretera y su contesta encendió los comentarios a lo largo de la calle. Hasta llegar a la pública escuché varias historias de montos perdidos o ganados.
La verdad, esas vivencias que no busqué conocer y quizás hubiera preferido ignorar, terminaron de esculpir el otro “Mundial” que, a juicio de las tantas anécdotas escuchadas desde el inicio de la competencia, sospecho se jugó en algunos barrios de mi provincia, mientras Brasil convidaba al mundo a dejarse llevar por una bella palabra: gol.
El mundial de las apuestas, de los mercaderes de sentimientos, quienes en vez de camisetas de sus selecciones usan bolsillos. En su actuar lo que predomina es un pronóstico sobre otro, con el consabido pago al vencedor, y no el deseo loco e  inquebrantable de ver ganar a sus jugadores preferidos, en un acto de sincero amor al fútbol. 

Miro mi casa con sus pendientes constructivos y me pregunto quién acumula  tanto dinero para derrocharlo así, y claro que existen (no faltan aquellos que sin poseerlo igual lo gastan en esto), pero no les parece a ellos que bastante tiene el más universal de los deportes con la crápula de la FIFA, para que también los ¿aficionados? conspiren en contra de la poca humanidad que le queda.
Lo cierto es que esta práctica no tiene fronteras temáticas ni desembolso definitivo. En el béisbol dicen hay una larga “tradición”, y no faltan seguro quienes han hecho una “carrera” en los naipes, el dominó, la chapilla… posiblemente hasta en el estado del tiempo.
La ley tipifica la apuesta dentro de los llamados juegos ilícitos, aun cuando alguien pueda argumentar que con su dinero hace lo que quiera. A lo mejor por pensar así, es que no veo a nadie escondiéndose para consumar el hecho. El pudor ya se erige quimera.

Entre las partes más lamentables del asunto destaca que a veces el trato no termina bien, el final es un ajuste de cuentas y la violencia se contonea a su aire. Ruleta rusa, lid de probabilidades, solo vale la adrenalina, no importa si ese día en casa no se almorzó o si el vecino no tiene ni para el pan de la bodega. Los negocios necesitan la mente fría.

Argentina estuvo a muy poco de ganar el Mundial. Cuando Messi dio esa última y desquiciada patada a la Brazuca, millones de corazones se quebraron en dos, incluso el de aquel muchacho que iba a toda velocidad en bicicleta, pues había perdido los únicos 100 pesos sobrevivientes en su cartera. Por suerte otros morirían de tristeza, única y exclusivamente, por haber apostado al juego limpio. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario