viernes, 26 de abril de 2013

Ajuste de cuentas



Nunca había conocido a un homicida. Pensaba encontrar una mirada fría, unos gestos toscos, una estampa malévola y segura de si. Pero no. Hallé un rostro triste, unas pupilas mustias, un caminar suave, una pose desconfiada. ¿Cómo podía aquel hombre que hasta inspiraba cierta ternura, ser culpable de la muerte de otro?
Nunca había conocido a un homicida y el que estaba frente a mí parecía, contra prejuiciada lógica, más un alma buena que una malvada. ¿Era posible eso? No esperaba un “Hannibal Lecter”, pero sí algo de villanía, y en aquel cuerpo la oscuridad no había pactado con la naturaleza de los sentimientos, solo con las culpas.
Luego de mirarle a los ojos y asegurarle no declarar su identidad, hablamos. Él intentaba rehacer su vida. Ahora era un prisionero domiciliario (en la cárcel por dos años y medio, salido por buena conducta), consagrado al  taller mecánico particular, inquieto por la salud de su hijo diabético y preocupado por firmar puntualmente cada sábado en la oficina del jefe del sector, su rutina hasta cumplir el lustro al que fue condenado.

jueves, 28 de marzo de 2013

No morí aquel día de marzo de 1989


 La XXII Feria Internacional del Libro estaba a solo segundos de empezar en Las Tunas, y yo todavía muy lejos de su locación inaugural. Pasó lo que debía pasar, me perdí el discurso de apertura que pronunció el destacado escritor tunero Carlos Esquivel. Cuando llegué al sitio encontré a personas emocionadas y otras comentando la belleza y lirismo de las palabras que yo había dejado de escuchar. 
Y es que Carlos además de ser un inmenso poeta, lleva consigo la vivencia de Angola (país al que la Feria rindió honores), él fue uno de los tantos jóvenes que marchó a defender esas tierras; y allá, entre la metralla y noches lejos de casa, le brotó la poesía. Poner en mi blog sus palabras de aquel día es un honor y la mejor forma de pedir disculpas por la ausencia. Ya sabrán por qué su discurso fue uno de los buenos. Y mientras leen lo verán en su tiempo de combatiente, un tiempo que no ha terminado para él, lo que ahora es otro su campo de batalla. 


Quiero creer que no morí aquél día de marzo de 1989, cuando, junto a otros amigos, hablaba de poetas innombrables, en una escabrosa e innombrable aldea del sur angolano. Una ráfaga de balas trazadoras blandió círculos de aire a nuestro alrededor, un dibujo sinuoso y desapacible, una tentativa alterna y secreta, de las confraternidades entre muerte y poesía, senderos que se unían y bifurcaban bajo similares máscaras, en un incesante flujo de supervivencias. Quiero creer que salvé mucho más que un itinerario de vida, un mapa de accidentadas asociaciones entre destinos por desembocar en sus contrarios.

miércoles, 13 de febrero de 2013

El milagro en barro


Febrero es solo un pretexto, un motivo para romper la rutina. Optemos por hacer del Día del Amor y la Amistad una temporada de 365 jornadas, como lo han asumido los protagonistas que presento
Rafael debía divorciarse, era un hecho. Solo cuando vio su casa desierta de cualquier rastro de compañía (ni la cuna, ni las fotos, ni los juguetes regados) entendió el golpe. No estaba arrepentido, sin embargo, eso no mitigaba el dolor. Su pequeña Lil, de 3 años, dormitaba en medio de tantas palabras sordas.  
A partir de entonces, aunque cumplía con sus obligaciones, se volvió básicamente un papá de fin de semana. Muchas veces ni eso podía hacer por su trabajo de comercial, al andar de viaje en viaje. Optó por aprovechar con su niña los chances libres. Las visitas continuadas a la familia materna confirmaron que no la atendían allí como necesitaba. Imposible quedarse con los brazos cruzados.  Luchó por la custodia y ganó la querella.
Ahora podría seguir de cerca el crecimiento físico y espiritual de su retoño, pero las responsabilidades laborales continuaban poniéndole zancadillas. El día del “hasta aquí” fue la “única vez que le he mentido a mi hija. Prometí recogerla en el Círculo a las 12:00 y a esa misma hora me mandaron de viaje, regresé a las 6:00 de la tarde y salí como loco a buscarla. Cuando llegué el CVP dijo que la tía se la había llevado para su casa. En mi desesperación ni me acordé que a las seños les dicen así y yo solo repetía: ¿Qué tía es esa?, nadie estaba autorizado a recogerla.”

lunes, 14 de enero de 2013

Lo esencial



En una oración diezmada en vocablos, pero corpulenta de antipatía, lo dejó claro “la seño”: aquella muchacha había robado el vaso. La acusada lanzó un discurso instantáneo, procurando demostrar su inocencia. Entre las razones una despuntaba: ella no era la única en la habitación, por qué inculparla, dónde estaban las pruebas.
Lo que nadie sabía con seguridad, aunque lo imaginaban, es que la mucama ya había tomado su decisión y nada ni nadie se la cambiaría. En su cabeza no entraba la idea de que la joven femenina y bonita que dormía en la cama contigua, fuera capaz de semejante hecho. ¡Ah! pero la otra sí, la que andaba con ropas de corte y estilo masculinos, tenía la voz engolada y un caminar poco agraciado para haber nacido mujer; le sobraban manillas en la mano y para rematar, una cola de caballo recogía su pelo. Quién  podía ser la culpable sino la homosexual.

martes, 18 de diciembre de 2012

Patrimonio…pronóstico reservado


Caricatura de Ramsés
Como peces fuera del agua, sí, esa fue la sensación que nos robó la tranquilidad, cuando al llegar a La Habana para un Diplomado sobre Comunicación del Patrimonio, luego del deslumbramiento inicial, empezamos a preguntarnos qué hacíamos allí.
Mi querido colega y yo, hijos de una ciudad quemada tres veces, sin pomposos monumentos arquitectónicos ni calles adoquinadas ni fuentes aristócratas. Nosotros, rodeados de párvulos de las villas fundacionales y de invitados de la  República Dominicana, Costa Rica, México, Ecuador y Bolivia, todos con asombrosa riqueza edificada, y para quienes el verbo salvaguardar, sonaba a rutina visitada y no a pasmosa novedad como a sus contertulios del Balcón de Oriente.